15/05/06
Tras unos meses...
Tras unos meses de abandono por mi parte por primera vez me presento ante Ella, asustado por su posible reacción al volver a verme.
Amablemente, como si nada hubiese pasado en estos días, me invita a pasar a su mazmorra, interesándose por como me iban las cosas. Yo, iluso, pensé que si bien no se había olvidado, no lo había tomado como un desaire por mi parte. Una vez dentro, ella gira la llave introducida en la cerradura de la puerta mientras de espaldas a mi me dice “prefiero cerrar la puerta con llave, últimamente he tenido problemas con la cerradura y se abre si no la cierro bien”, mientras yo deposito sobre una mesa unos libros que me había dejado hace tiempo y hoy le iba a devolver. Si bien yo estaba convencido de su perdón, mi timidez y nerviosismo innato me hacían estar tenso, nervioso, un estado en que siempre he estado ante esta gran Mujer, bella y de aspecto delicado, aunque yo sabía que esa delicadeza era su mejor arma para dominar a cualquier hombre con tan solo decir una palabra, realizar un sutil gesto con su hermoso cuerpo. Esta vez no, fugazmente me atraviesa la cara con una nada sutil bofetada, mientras me dice:
“- Ya era hora de volver a verte, ¿Pensabas que iba a olvidar este tiempo que has desatendido tus labores?”.
Era la primera vez que me abofeteaba sin estar en una sesión planeada, era la primera vez que sentía que ella era mi Ama y en realidad daba igual estar o no en sesión, ella era mi Ama. No reaccioné ente ello, no dije nada, solo instintivamente bajé la mirada al suelo y puse mis manos a la espalda.
“- No te preocupes, esto no se volverá a repetir, ahora no quiero que digas ni una palabra hasta que yo te lo pida, después de tanto tiempo sin hablar conmigo no te costará ningún trabajo, ¿Verdad?. Jajajajajajaja.”
Ella se reía, yo estaba delante de ella, con la mirada fija en el suelo, la cara ardiendo por la bofetada, con los labios sellados, mientras pensaba que tenía toda la razón del mundo, le había fallado, ella no se merecía por mi parte ese comportamiento, y ahora lo tendría que pagar.
Me hizo pasar a su mazmorra, esta vez no me mandó pasar al baño a desnudarme como en otras sesiones pactadas con anterioridad, me ordenó denudarme allí mismo y meterme en la jaula. Mi cuerpo no es precisamente el de un atleta, y si bien no tenía problemas para entrar en la jaula, no estaba precisamente sobrado de espacio.
“- Ponte de espaldas contra el fondo de la jaula, y saca tus muñecas por entre los barrotes”.
Yo sin pensarlo tan siquiera, pero sabiendo lo que iba a hacer, lo hago. Ella aprisiona mis muñecas con unas esposas metálicas mientras me dice:
“Bien, tengo que ir a la estación de autobuses a buscar a una amiga que llega dentro de un rato, le había dicho como te habías portado y estaba de acuerdo conmigo en que merecías un castigo por tu actitud además, gentilmente, se ofreció a ayudarme para mostrarte los efectos de abandonar de este modo a una Diosa como yo.”
Yo, totalmente a su merced, esposado en una jaula minúscula para mi tamaño, comencé por primera vez a sentir miedo, su voz no era como en otras ocasiones, su voz no era la de alguien que está jugando. En su tono se notaba que esta vez estaba hablando totalmente en serio.
Tras decir esto, abrió la puerta de la mazmorra, apagó la luz, y la volvió a cerrar. Yo me quedé totalmente a oscuras, desnudo, atado a aquella jaula, incómodo. No se cuanto tiempo pasé en esta situación, no creo que mucho pero a mi parecía una eternidad, estaba nervioso por no saber cuanto tiempo tendría que estar allí ni lo que iba a hacer conmigo en aquella ocasión, se la veía realmente enfadada con mi forma de actuar en el pasado.
Tras este tiempo que si bien seguro fueron minutos a mi me parecieron horas noté como se abría la puerta exterior de la mazmorra, noté como se escuchaban los pasos de más de una persona, la Ama de este sumiso que escribe (no puedo decir que sea mi Ama, no me pertenece, yo le pertenezco a ella), la amiga que me había dicho que iba a buscar a la estación de autobuses, pero me parecía escuchar los pasos de otra persona, no hacía el ruido que hacían sobre el suelo los tacones de Mistress Mabel y de su amiga al golpear, era un sonido distinto. La puerta se abrió, entra en la mazmorra e invita a su amiga a pasar:
“- Mira, este es el cerdo que te había dicho que me había abandonado con sus trabajo a mitad de hacer. Puedes ver que cuando me refiero a el de esa forma es por algo ¿no?”
“- Si, ya me habías dicho que salvo para trabajar no servía para otra cosa, pero no sabía que tenía tanta “superficie” para sacar el polvo a esos juguetitos que tienes colgados de la pared”
Ambas comenzaron a reírse, yo estaba totalmente rojo de vergüenza, pero aun quedaba más, mientras se reían vi como un hombre entraba por la puerta, temí que fuese un Amo amigo suyo, nunca había estado con un Amo ni jamás se me había pasado por la imaginación estar con uno, pero las palabras de Mistress Mabel cuando el entró me “tranquilizaron”:
“- Mira estúpido”, me dijo “- este es mi mejor esclavo, nunca me hará lo que tu me has hecho, es mil veces mejor esclavo que tu para todo, y hoy como premio estará presente mientras mi buena amiga y yo nos divertimos un poco contigo, se que no eres un esclavo de su nivel, pero hoy da igual, solo queremos pasarlo bien contigo y que él por un día vea como otro sumiso que no es el sufre”
No decía nada, me había ordenado no abrir la boca si no me lo pedía, y yo así lo hice. Tenía miedo que aquel sumiso hiciese algo más que mirar, que quisiese utilizarme de algún modo, y si bien siempre he soñado con ser sodomizado, siempre he soñado con que una mujer lo hiciese, no otro hombre. Ella se dio cuenta y me dijo:
“- No te preocupes, al menos por él, solo va a mirar lo bien que lo pasamos contigo”.
En cierto modo estas palabras me tranquilizaron, pero ese “al menos por él” me incomodó en cierta manera.
Mientras tanto su amiga daba vueltas a la jaula mirándome, hasta que en un momento me dijo:
“- Separa las piernas, quiero ver si es verdad eso que me había dicho mi amiga Mabel que tu polla solo te sirve para mear”.
Rojo como un tomate separé mis piernas para que viese que todo lo que le había dicho sobre mi era cierto, mi miembro apenas se veía entre mis piernas.
Empezó a carcajearse y a reírse de mi miembro, a decirme que con esa cosa no podría ni tan siquiera masturbarme sin utilizar unas pinzas para sujetarla, y demás lindezas, más bien verdades.
Mientras me decía esto se quitó el abrigo y dejó ver que debajo iba vestida completamente de látex negro, Mistress Mabel salió de detrás de las cortinas donde guarda su ropa y apareció con una falda y un corpiño de cuero ajustados. Ella se había puesto unas botas cerradas hasta las rodillas, mientras su amiga continuaba con los zapatos de tacón con los que había venido.
“- Bueno Lara, es hora que comencemos que tenemos mesa reservada para cenar y no podemos llegar tarde”.
Mientras le decía esto a su amiga, ahora sabía su nombre, me soltaba las esposas y abría la puerta de la jaula.
“- Venga, fuera”.
Tenía los brazos dormidos de la posición en la que estaba, y me costó salir de la jaula, pero lo hice y me puse de rodillas ante ellas.
“- Hoy no será como otras veces, hoy quiero pasármelo bien, y mi amiga también, así que seguro que tu harás lo que te pidamos, ¿verdad?.
“ – Si, Señora”, respondí con la mirada fija en el suelo, mientras veía como su amiga se dirigía a donde Mistress Mabel tiene colocadas sus fustas, látigos y reglas, y cogía un gato de nueve colas.
“ - ¿Crees que está bien para comenzar Mabel?. Le preguntó
“ – Si, hay que empezar con algo suave” Respondió, mientras se sentaba en su trono.
“ - ¿A que estás esperando bazofia, quieres que me quite yo las botas?
A cuatro patas rápidamente me situé a sus pies y le quite con mucho cuidado, pero muy nervioso, las botas, y tras ello sus preciosas medías negras, tal como ella me pidió.
“ – Hoy he caminado mucho, tengo los pies destrozados”.
Yo pensé que tendría que darle un masaje, lo cual me puso más nervioso si eso era posible, porque no se hacer masajes, pero ella continuó hablando:
“ – Anda, dame un masaje con esa lengua, que es la única parte de tu cuerpo que te sirve para algo si no estás tecleando con los dedos en un ordenador.
Con mis manos cogí suavemente uno de los pies de Mistress Mabel y comencé a lamer su planta.
“- No te olvides de pasar bien por entre mis dedos”. Me recordó.
Estaba tan centrado en los dedos de Mistress Mabel que olvidé al resto de las personas que estaban allí. Lara, la amiga de Mistress Mabel, me dio un fuerte azote con el látigo de nueve colas que tenía en sus manos. Me pilló de sorpresa porque no recordaba que ella estaba tras de mi, y dejé de lamer los dedos.
“ - ¿Pero que demonios haces estúpido? ¿Te he dicho yo que dejases de lamer?”
Rápidamente volví a mi tarea en los pies de Mistress Mabel, mientras su amiga se reía mientras dejaba caer su látigo sobre mis glúteos, mi espalda, mis piernas. Debía estar rojo como un cangrejo, me ardía todo el cuerpo, y ella seguía, diez, quince, veinte, parecía que aquello no acabaría, pero si.
“ – Bien”, dijo Mistress Mabel, “Mis pies están mucho más relajados, pero ahora es Lara quien seguro que tiene los pies cansados, estar de pié azotando es algo cansado, ¿verdad?”
Ambas Señoras se reían, mientras Lara ocupaba el lugar en el trono que Mistress Mabel había ocupado hasta ese instante, me ordenó quitarle sus preciosos zapatos de tazón y sus medias, y realizar un masaje “bucal” como el que había hecho a su amiga. Mientras, Mistress Mabel no se quedaba mirando, se dirigía a su colección de fustas y depositaba el gato de nueve colas utilizado hasta entonces por su amiga Lara, y lo cambiaba por una bonita fusta.
“- Será mejor cambiar de instrumental, en la variedad está la diversión, y nuestro público se puede aburrir si no cambiamos” Decía mientras sonreía a su esclavo, que permanecía sentado en una silla mientras nos observaba.
Comencé a lamer la suela de los pies de Lara, sabiendo que Mistress Mabel no había cogido la fusta solo para limpiarla, si acaso ese trabajo sería cosa mía, sabía que no tardaría en estrellarla contra mi enrojecido cuerpo. Y así fue, cuando pasaba mi lengua alrededor del maravillo pie de Lara, ella descargó con fuerza la fusta sobre mis nalgas. No dije nada, tan solo separé levemente los labios del pié, y los apreté con fuerza, lo que me valió un tirón de pelos por parte de Lady Lara, así me ordenó Mistress Mabel que me dirigiese a su amiga, mientras me decía que porqué demonios dejaba de lamer sus pies.
Uno tras otros los azotes de Mistress Mabel fueron cayendo todos sobre mi culo, nunca había sufrido un castigo de semejantes características, seguro que las marcas eran más que apreciables sobre él, por lo que mis dos Diosas y su esclavo observador comentaban. Cuando le pareció que estaba bien coloradito, y bien marcado, dejó la fusta, Lady Lara se puso de pie, descalza como estaba, y me ordenaron ir a cuatro patas hasta el potro, sabía lo que me esperaba, algo que hacía muchísimo tiempo estaba deseando, y por un momento olvidé todo lo que me dolían mis maltrechas nalgas.
Me coloqué en el potro, entre ambas me sujetaron con las correas firmemente, no querían que me moviese.
“- Bueno, ya que esa porquería de polla que tienes no sirve para nada, al menos el culo esperemos que sea un buen tragón” me decía Lady Lara, mientras Mistress Mabel se ajustaba un consolador negro con correas.
así estaba yo, desnudo, rojo de los azotes recibidos, inmovilizado en el potro, con mi culo totalmente disponible para todo aquello que quisiesen hacer con el.
“- Lara”, dijo Mistress Mabel, “mientras yo desvirgo este gran culo de putita que tenemos aquí, ¿Porqué no aprovechas y dejas que su lengua te de un poco de placer, ya ves que es lo único suyo que puede hacerlo, y ahora ya la tendrá desentumecida”
Mientras ambas se reían a carcajadas, Lady Lara se colocó ante mi, ligeramente en cuclillas con su perfectamente depilado monte de Venus a la altura de mi cara, su visión junto con la extraña sensación que sufrí al notar como Mistress Mabel introducía por mi ano uno de sus dedos, embutidos en unos guantes de látex, produjeron que mi pene comenzase a reaccionar, cosa que agradó a ambas Diosas.
Tras este dedo llegó otro, y después otro. Con tres dedos en mi ano decidió que estaba lo suficientemente lubricado para ser penetrado, cogió el dildo con una de sus manos y lo colocó a la entrada de mi ano, su otra mano se posó sobre mi espalda, y lentamente, pero sin pausa, comenzó a introducir ese pedazo de látex en mi interior. En ese momento, Lady Lara cogió mi cabeza por el pelo, acercó mi boca, y me ordenó comenzar mi labor. Era la primera vez que lo hacía y no sabía muy bien como hacerlo, pero se ve que el roce de mi lengua sobre su clítoris, mis intentos de introducirla en su vagina, mis besos en sus labios y en su clítoris, estaban consiguiendo que se excitase. Cada vez estaba más mojada, y yo me sentía contento por ello, no me soltaba el pelo, cada vez apretaba más mi cara contra su cada vez más húmedo monte de Venus, mientras yo sentía como mi culo comenzaba a dolerme, trataba de hacer movimientos para impedir que cesase esa intrusión pero, lógicamente, no lo conseguía, mientras no dejaba olvidados mis trabajos en mi lengua.
Una vez consiguió introducir por completo el pene de látex en mi culo, sin tiempo a acostumbrarme a el, lo volvió a retirar por completo, y lo volvió a introducir lentamente, si bien en esta ocasión entró con mayor facilidad, aunque el dolor no menguaba en intensidad, y yo intentaba concentrarme en lo que tenía ante mi boca para no pensar en el dolor.
Mistress Mabel comenzó un lento mete-saca, primero con intervalos muy cortos, apenas unos pocos centímetros de desplazamiento, que poco a poco iban aumentando, lentamente, yo estaba comenzando a cambiar el dolor que sufría por placer, mi miembro estaba completamente erecto, mi cara empapada por los sabrosos jugos de Lady Lara, interiormente me sentía bien porque notaba como ambas estaban disfrutando, y eso era lo que me importaba, que ellas disfrutasen, yo solo soy un objeto para ellas. Mistress Mabel había aumentado el ritmo, en cada embestida casi sacaba por completo el pene y lo volvía a introducir hasta el fondo en mi ano, notaba como Lady Lara disfrutaba, como el sabroso néctar de sus entrañas aumentaba, hasta que noté como cogía mi cabeza con ambas manos, me pegaba a ella, y comenzaron a surgir de ella grandes cantidades de flujo que yo intentaba tomar con mi lengua, pero me era imposible. Había tenido un orgasmo con mi lengua, cosa que internamente me satisfizo profundamente, por haber cumplido con mi labor. En ese instante, Mistress Mabel, con el dildo introducido hasta el fondo en mi ano, se quitó las correas, dejándolo colgando de mi culo, y le dijo a su amiga “- Bueno, ahora será mejor que nos cambiemos el puesto”, con una sonrisa en los labios. Ella se puso ante mi, dejando ver como se bajaba sus braguitas, y se las quitaba, mientras me decía:
“- Al final no va a ser un castigo para ti, vas a poder dar placer a dos Diosas, seguro que nunca pensaste en que harías esto, ¿verdad putita?”
“- No señora, nunca pensé que me pudiese brindar algún día el honor de darle placer con mi lengua, Señora”, le dije.
“- Bueno, entonces ¿a que esperas?, ¿a que te diga por escrito lo que tienes que hacer?
Yo rápidamente, sin esperar a que finalizase de hablar, comencé a pasar mi lengua sobre ella, con avidez, como si me fuese en ello la vida, introducía mi lengua todo lo que podía, besaba su clítoris, lo atrapaba con mis labios, trataba de tragar con glotonería todos los jugos que con su inmensa vehemencia me dejaba disfrutar.
Detrás de mi, Lady Lara había tomado el puesto que su amiga había ocupado antes en mi retaguardia, se había ajustado las correas, sin sacar el dildo de mi ano, y comenzó a follarme, ya tenía el ano más que dilatado y lubricado de antes, y entraba y salía con relativa facilidad, apenas sentía dolor y podía concentrarme con mayor dedicación si cabe en dar todo el placer que esa auténtica diosa que tenía ante mi se merecía.
así estuvieron un buen rato, hasta que el orgasmo que Mistress Mabel alcanzó hizo, como si de un interruptor se tratase, que Lady Lara dejase mi de follar mi ano, dejando de nuevo el dildo introducido en mi ano una vez hubo soltado las correas.
Yo me quedé en el potro, me dolían las nalgas y la espalda por los azotes, me dolía el ano, me dolía la mandíbula por los esfuerzos para darles el máximo placer posible en la posición en la que me encontraba, en resumen, me dolía todo el cuerpo. Bueno, no, todo no, y de ello se dieron cuenta rápidamente.
Me soltaron del potro, me ayudaron a levantarme, y ambas comprobaron el estado de mi erección, jugaron brevemente con mi pene, retirando la piel que cubre el prepucio, y dando pequeños golpes sobre el, lo cual me dolía bastante, ya que estaba muy excitado.
“- Para una vez que lo veo en estado de “firmes”, vamos a aprovecharlo”, dijo Mistress Mabel.
“- ¿Estás pensando en lo mismo que yo?”, contestó Lady Laura.
“- Creo que si”, le dijo mientras se dirigía a una pequeña mesa en la que había varias velas.
Yo en este momento si que por primera vez, se puede decir que tuve más que miedo, sabía que se proponían hacer, y no sabía si podría soportarlo. Lo había visto en varias películas, y leído en algunos relatos, sabía que es algo que se puede soportar, pero de lo que no estaba en absoluto seguro es que yo lo pudiese soportar.
Sin decirme nada, Lady Lara me cogió de un brazo y me llevó hacia la cruz de San Andrés, me colocó de espaldas a ella, me hizo estirar los brazos, separar las piernas, y me dejó bien sujeto a la cruz por las correas de las que la misma disponía. Yo estaba completamente aterrado, aunque en el fondo sabía que si hacían eso, es porque sabían que lo podría soportar, aunque sufriese, aunque para eso estoy, si mi sufrimiento les causa placer, esa es mi misión.
Mistress Mabel había encendido una gran cirio de color azul, lo giraba para que la cera se fuese derritiendo, mientras Lady Lara acariciaba mi erecto pene, y pasaba su mano sobre el como si me estuviese masturbando, lentamente, para que no bajase mi erección. Mientras hacía esto, sentí como la vela se acercaba a mi pecho, y comenzaba a verter pequeños hilos de cera sobre mis pezones, primero uno, después el otro. Una vez los dos cubiertos de cera, Lady Lara dejó mi pene, se acercó a un pequeño cesto que estaba al lado de la cruz en la que me encontraba, y sacó sendas pinzas metálicas, que sin mediar palabra colocó sobre mis erectos pezones. Me quejé, por primera vez, lo que no les gustó en absoluto, como quedó claro tras la bofetada que Mistress Mabel me regaló, bien merecida, por supuesto, y sus palabras:
“- Veo que este cerdo o es sordo o es un maleducado, te quedó bien claro que solo hablases cuando yo te lo pidiese, y ahora creo que no te lo he pedido, ¿verdad?.
Yo no contesté.
“- ¿VERDAD?”, me repitió en un tono de voz que dejaba ver que se había enfadado.
“- Verdad Señora, no me ha dado permiso para hablar Señora”
“Bueno, ya que no sabes obedecer una orden, no me queda más remedio que taparte la boca, no quiero que hables por cada tontería”.
Acabante de decir estas palabras, Lady Lara, a la que no había prestado atención, me abrió la boca, forzándome a abrirla con una bola de plástico que me introdujo, y que me sujetó con unas coreas que pasó por detrás de mi cabeza.
“- Ahora no volverá a molestarnos con sus estúpidos quejidos” asintió Lady Lara.
Mistress Mabel no dijo nada, tan solo volvió a coger la vela que había dejado sobre una mesa, y comenzó a dejar caer su cera sobre mi pecho. Me quemaba, pero se podía aguantar. Poco a poco fue bajando por mi barriga, lentamente, hasta llegar a la base de mi pene. Levantó la vela para que la cera dejase de caer, acercó sus dulces labios a mis oídos y suavemente me dijo:
“- Ahora te vas a convertir en un verdadero esclavo”.
Volvió a inclinar la vela y la cera comenzó a derramarse sobre mi pene, apretaba la bola que bloqueaba mi boca, respiraba agitado, tensaba mis músculos, pero lo soportaba, conforme iba dejando caer finos hilos de cera sobre mi pene me iba acostumbrando, y si bien el dolor era elevado, conseguía soportarlo.
Lady Lara, que estaba mirando la escena, había ordenado al esclavo que estaba mirando la escena que se bajase los pantalones, y los calzoncillos, y le estaba acariciando el pene, un pene enorme comparado con el mío, lógicamente, y con una sonrisa en los labios le dijo:
“- Mabel, se acerca al hora de irnos, tenemos que ir acabando”.
“- Queda el fin de fiesta nada más”.
Diciendo esto, cogió con su otra mano mi pene, retiró de un tirón la piel que recubre mi glande hacia atrás, inclinó la vela, y dejó caer un chorro de cera.
Sentí el dolor más intenso que jamás había sufrido. Comencé a moverme intentando separarme de aquella fuente de calor extrema que tenía sobre mi pene, pero era imposible, la cera se estaba solidificando sobre el y era imposible deshacerse de ella. Mistress Mabel no soltaba mi miembro, y volvía a verter otra pequeña cantidad de cera, yo pensaba morir, el dolor volvía a ser extremo para mi, volvía a tirar, pero las cintas impedían que mis brazos y mis piernas se moviesen, y la firme mano de Mistress Mabel impedía que mi pene intentase refrescarse aunque fuese tan solo con el movimiento. Ambas, y el esclavo, no dejaban de reír, de reírse de mi, de lo bonito que estaba mi pene con ese todo azulito de la cera, que contrastaba con el rojo de la piel, y el rojo de mis ojos, no lloraba, pero mis ojos estaban rojos por el esfuerzo por intentar soltarme y la incapacidad de poder hacerlo.
Poco a poco el ardor fue cesando, y Mistress Mabel fue acariciando mi miembro mientras retiraba poco a poco la cera sobre el, me dolía, pero comparado con el dolor de la cera caliente sobre mi prepucio eso era una menudencia.
Entre ambas me soltaron de la cruz, me retiraron la mordaza, y me llevaron al baño, me hicieron tumbarme sobre el plato de ducha, y Mistres Mabel dijo:
“- Espero que esto te halla servido de lección. Aunque te parezca que no puede haber nada peor, créeme, si lo puede haber, mucho peor, y si no lo quieres probar, no quiero que vuelvas a hacerme lo que me has hecho, ¿ENTENDIDO?”
“- Si Señora, contesté”.
“- Ahora puedes ducharte, pero antes quiero que tengas un recuerdo nuestro, algo que está muy adentro de nosotras”
Yo sabía perfectamente a que se refería. Se colocó sobre mi, con las piernas a ambos lados, y comenzó a orinar sobre mi pecho.
“- A partir de ahora para ti no habrá mayor manjar que este. Para ti este néctar de tu Diosa será mejor que el mejor de los champagnes franceses”.
Dicho lo cual, se movió y apunto con su chorro de oro a mi cara, instintivamente abrí la boca para saborear el néctar de mi Diosa, apenas tragué nada, pero quería sentir en mi boca ese delicioso sabor, y tenía razón, el sabor de cualquier cosa que ella me ofrecía era superior a cualquier champagne.
Mientras recibía ese oro líquido sobre mi, pude observar de refilón como el otro esclavo, que había observado todo, se masturbaba y eyaculaba sobre unos de los zapatos de Lady Lara, y como ella le hacía limpiarlo por completo con su lengua.
“- ¿Te gustaría correrte?” Me dijo Mistress Mabel.
“- Si Señora, contesté yo”
“- Las otras veces que te he pedido que te masturbases para mi, no te has corrido, o sea que hoy, que veo que tienen muchas ganas, no lo vas a hacer, pero quiero que mañana a las cinco vayas a mi casa a mirar un problema que tengo con el ordenador, que lo has desatendido durante demasiado tiempo, y si te portas bien, quizás vengamos aquí de nuevo y te saque unas fotos para la Web, esa que TU dejaste, ¿Te acuerdas?, y deje que te corras, pero solo si te portas bien y cumples con tu trabajo.
Dicho me mandó darme una ducha. Cuando salí del baño ellas se habían ido, tan solo estaba el otro esclavo, que estaba esperando para cerrar la puerta de la mazmorra.
Humildemente a sus pies: ito.
19:31 Anotado en Relatos | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: BDSM
Mistress Mabel
"Eras mi esclavo incluso antes de que nacieras y cuando el Universo no sea más que un rumor, seguirás siendo mío"
La dominación es su vida. Su otra gran pasión es viajar. Y ahora además tiene gabinete: "Mi mazmorra es mi gabinete y el mundo". Lo que no impide que en determinadas ocasiones realice sesiones en el Estudio Wanda donde su amiga Mistress Natalie ejerce de perfecta anfitriona.
En el universo de Domina Mabel hay dos formas de hacer las cosas: o las haces bien o como Ella decida. Y no siempre decide lo mismo. Si adoras sus pies o sus zapatos de tacón de vértigo, procura con tu lengua, darle la máxima satisfacción.
Si tu cuerpo se llena de dolor al contacto de sus pinzas, agujas, fusta o látigo, dar las gracias será lo más acertado.
Si los enemas aprisionan tu vejiga, el néctar de su sexo te deja medio ciego y el face-sitting sin aliento, muéstrale una sonrisa de agradecimiento.
Con normas tan simples puede que aciertes pero estoy seguro de que hay algo para lo que no tendrás respuesta. Me refiero a cuando la Dómina asturiana, hermosa y seductora como las Sirenas del Cantábrico, te susurre al oído en francés, un idioma que domina a la perfección. ¿Dominación francesa? Olvídate de poner etiquetas a las cosas y sé realista: su voz, como la de las Sirenas, te atrapará para siempre en sus redes.
mistress.mabel@gmail.com
19:04 Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: BDSM

